Los usuarios de teléfonos móviles estadounidenses podrán acceder, dentro de poco tiempo, a contenidos pornográficos o eróticos de manera gratuita, o al menos ese es el objetivo de la industria del entretenimiento en dicho país.
Si los contenidos pornográficos aún no funcionan en Estados Unidos (a diferencia de Europa) se debe a la presión de los grupos políticos y religiosos, así como a la preocupación de padres que temen que sus hijos puedan entrar en contacto con contenidos de ese tipo. Pero las operadoras móviles están trabajando para que esta situación cambie, posiblemente este año, ya que se están introduciendo nuevas herramientas para la protección de los menores en esté ámbito, a la vez que se reduce el control sobre las redes para ampliar la variedad de aparatos y servicios permitidos.
Según Gregory Piccionelli, un abogado del despacho Piccionelli & Samo especialista en el sector, “Será imposible detener la explotación del negocio del entretenimiento móvil para adultos”. Las imágenes de contenido sexual explícito, servicios de pago como los vídeos en directo o mensajes con citas para tener encuentros sexuales con extraños podrían empezar a distribuirse dentro de poco en los teléfonos estadounidenses. A esta apertura, hay que añadir el factor de la tecnología, que brinda mayor calidad de imagen en teléfonos como el iPhone, así como mejores buscadores de Internet en estos dispositivos.
En Europa, la pornografía en móviles se ha convertido en un negocio que ha llegado ha valorarse en 775 millones de dólares en 2007 y se espera que alcance los 1.500 millones de dólares en 2012 y los 3.500 millones de dólares en 2010, según estimaciones de la empresa Juniper Research. Un ejemplo de la buena marcha del negocio es Marqueze.mobi, que actualmente factura más gracias a sus portales móviles que a los de Internet.
En comparación, en Norteamérica se generaron sólo 26 millones de dólares en este sector durante el 2007, en parte porque las operadoras rehuían la venta de pornografía. Por ejemplo, las quejas de la Iglesia Católica y de cientos de usuarios hicieron que la compañía Telus Corp. de Canadá retirase un servicio de pornografía en móviles.